lunes, 14 de enero de 2019

La Vestidura del diácono


“Periódicamente, la gente me pregunta acerca de que “bata” me pongo durante la Misa. ¿Cómo es que tiene mangas? ¿Qué es eso?

P. McNamara señala: La vestidura propia de un diácono en la Misa es un alba (con un amito si es necesario), cíngulo, estola usada de la manera diaconal y la dalmática. La estola y dalmática debe ser del color litúrgico correspondiente.

Esta vestidura es de longitud hasta la rodilla. Fue desarrollado originalmente en Dalmacia, hoy en día Croacia, y fue importado edalman Roma durante el siglo II.
Al principio, la dalmática, que originalmente era más largas, llegando a los talones, y más amplia que la de hoy, no fue bien recibida, al ser vista como un poco afeminado. Más tarde, sin embargo, se hizo popular entre los senadores romanos y funcionarios imperiales como un sustituto de la toga e incluso fue utilizado como el atuendo adecuado para la consagración del emperador.

De esto se convirtió en un hábito propio de la papa y de los obispos. Por último, se introduce como una vestidura para los diáconos de Roma por el Papa Silvestre I en el siglo IV y se convirtió poco a poco en la vestidura propia. Durante un tiempo, especialmente durante el IX al XIV siglos, los obispos y los sacerdotes en ocasiones incluso usaría la dalmática bajo la casulla. Este uso persiste en la actualidad, pero sólo para los obispos, que pueden llevar una dalmática debajo de la casulla en las celebraciones solemnes, especialmente ordenaciones.

De acuerdo con la práctica actual, los sacerdotes en la celebración según la forma ordinaria nunca usan la dalmáticDALMATICA_A__72302_zooma. En la forma extraordinaria hay ciertas celebraciones solemnes en las que un sacerdote sustituye a un diácono y recae en consecuencia. Del mismo modo, en ocasiones excepcionales cardenales diáconos sirven al Papa vestidos con dalmática.

Con respecto a su uso habitual, podemos decir que la dalmática es el diácono lo que la casulla es el sacerdote. Por lo tanto, en la mayoría de los casos, el diácono puede usar la dalmática sólo cuando el sacerdote usaría la casulla.

En la práctica, me gustaría añadir algunos puntos más:

 El diácono, deben usar siempre su estola bajo la dalmática, no en el exterior; porque llevarla en el exterior, alguien me explicó, es un poco como llevar tu ropa interior fuera de los pantalones.

 No debería usar la dalmática para los bautismos, a menos que el bautismo tenga lugar en el contexto de una misa que está sirviendo.

 En lo posible, se debe usar la dalmática cada vez que sirve en Misas, al igual que el sacerdote lleva una casulla. Tan solo puede haber excepciones cuando algunas parroquias no pueden ser capaces de pagar dalmáticas para sus diáconos, o porque hay lugares donde el calor del verano la puedan hacer demasiado insoportables (e inservibles.)” Greg K., deacon.
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APUNTE FINAL:
Es usual encontranos a los diáconos revestidos sin dalmática, tan solo con el alba y la estola cruzada sobre aquella.

Tal vez, porque en el ORDO MISSAE DE 2002 se contempla la omisión de la dalmática:
“Las ropas propias del diácono son:

a. alba,
b. estola y
c. dalmática, considerada la vestidura propia por excelencia del diácono (Ord 338), pero que puede omitirse por:
– necesidad o
– por rango inferior de solemnidad (Ord 119b)”

Pero en la INSTRUCCIÓN REDEMPTIONIS SACRAMENTUM de 2004 se recalca en el nº125 que: “La vestidura propia del diácono es la dalmática, puesta sobre el alba y la estola. Para conservar la insigne tradición de la Iglesia, es recomendable no usar la facultad de omitir la dalmática. Por eso SIEMPRE que se disponga de ella se debe utilizar en TODAS las Misas.



La dalmática, vestidura distintiva de los diáconos


La dalmática es la vestidura litúrgica exterior del diácono, que la lleva sobre el alba. Se utiliza generalmente en las misas solemnes, en las procesiones y bendiciones, excepto cuando éstas tienen carácter penitencial.
También es utilizada por los obispos y por el mismo Papa bajo la casulla en la misa pontifical solemne, pero no en misas privadas. Su uso bajo la casulla no se permite a los sacerdotes a menos que se les haya concedido un privilegio papal especial.
Es una túnica con mangas anchas; alcanza las rodillas, está cerrada delante, y abierta por los costados. Se distingue de la casulla que utiliza el sacerdote porque ésta suele ser de corte redondeado, mientras que la dalmática es de cortes rectos.
No hay ninguna regulación acerca del tejido de la dalmática. Su color debe estar de acuerdo con el tiempo litúrgico que corresponda (o la fiesta concreta, en su caso), por lo que debe coincidir con el color que esté utilizando el sacerdote.
La dalmática fue introducida por el Papa Silvestre I alrededor del año 325. En la primera mitad del siglo cuarto se usaba en Roma y solo allí y entonces, como hoy, los diáconos la llevaban como una vestidura exterior, y el Papa se la ponía debajo de la casulla.
En el siglo IX, la dalmática fue adoptada casi universalmente por obispos y diáconos en la Europa Occidental, incluso en España.
Al principio, la dalmática era una túnica larga y ancha con mangas muy grandes y llegaba a los pies. Su longitud se fue reduciendo progresivamente hasta llegar al siglo XVIII en que su longitud era de unos 100 centímetros (un metro). Al reducirse su longitud, las mangas se volvieron proporcionalmente más estrechas.
Originalmente la dalmática se hizo de lino o lana, pero cuando la seda se hizo más común y menos cara, la dalmática se hizo de seda. Desde el siglo XII también aparecen dalmáticas hechas de tejido fino de lana. Actualmente se utilizan los tejidos más modernos que permiten un lavado y planchado relativamente sencillo.
Hasta el siglo X, la dalmática era siempre blanca. Las dalmáticas de color fueron la norma general cuando, aproximadamente en el año 1200, se determinaron qué colores eran los litúrgicos y en consecuencia su uso se reguló definitivamente.
La ornamentación de la dalmática consistió al principio en dos rayas estrechas en línea recta hacia abajo por delante y por atrás, y de una banda estrecha en el dobladillo de las mangas, si bien no existe normativa alguna al respecto.
La dalmática proviene de un vestido del mismo nombre originario de Dalmacia. Era una de las vestimentas de las clases más altas; por consiguiente no es sorprendente que se utilizara para uso eclesiástico y después se convirtiera en vestidura litúrgica. Las interpretaciones simbólicas primeras de la dalmática aparecen al principio del siglo IX.

Los diáconos de los ritos orientales no llevan dalmática; sin embargo, en lugar de la casulla, los obispos llevan una vestidura exterior llamada saccòs que es similar a la dalmática. Los saccòs empezaron a usarse en el siglo XI.


Papa Francisco: Los diáconos deben inspirarse en San Francisco de Asís



Papa Francisco: La formación de una conciencia diaconal puede considerarse el motivo básico que debe impregnar a las comunidades cristianas.

Ciudad del Vaticano. 24/11/2017.- El Papa Francisco ha escrito el prefacio de un nuevo libro que contiene sus diversos pronunciamientos sobre la vocación diaconal que, según él, se realiza principalmente al servicio de los pobres.

El libro del reverendo Enzo Petrolino, diácono de la diócesis de Reggio Calabria-Bova en Italia, reúne las declaraciones del Papa sobre el diaconado permanente de su época como arzobispo de Buenos Aires y sus más recientes como obispo de Roma.

Signo visible de la diaconía de Cristo.

En su prefacio al libro titulado "El Diaconado a través del pensamiento del Papa Francisco: Una Iglesia pobre para los pobres", el Santo Padre reconoce que las raíces del diaconado permanente han sido redescubiertas en el período posterior al Concilio Vaticano II.

Dejando un mensaje en el comienzo del libro, el Papa Francisco dice:

La Iglesia encuentra en el diaconado permanente la expresión y, al mismo tiempo, el impulso de convertirse en sí mismo en un signo visible de la diaconía de Cristo Siervo en la historia de la humanidad.
"Diakonia" es un término griego en los Evangelios que se refiere al ejercicio de la caridad hacia los pobres.

Comunidades cristianas y la conciencia diaconal.

La sensibilidad a la formación de una conciencia diaconal puede considerarse el motivo básico que debe impregnar a las comunidades cristianas.

Toda la diaconía en la Iglesia tiene su corazón latente en el ministerio eucarístico y se realiza principalmente al servicio de los pobres que llevan en sí mismos el rostro del Cristo sufriente.

San Francisco de Asís.

El Papa recuerda el momento en que fue elegido en el cónclave y el cardenal Claudio Hummes se dirigió a él y le dijo:

"No se olviden de los pobres".

Fue entonces cuando en su corazón escuchó el nombre de San Francisco de Asís, que según la tradición era un diácono:

Él es para mí el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y protege la creación. Él es el hombre de quien los diáconos deben inspirarse.

Fuente: PildorasDeFe 24.11.2017 / Publicado por: O.Revette 14-01-2019

Fiesta de San Lorenzo, famoso diácono mártir que murió quemado en una hoguera


“La Iglesia de Roma nos invita hoy 08 de Agosto 2018 a celebrar el triunfo de San Lorenzo, que superó las amenazas y seducciones del mundo, venciendo así la persecución diabólica”, dijo una vez el Obispo San Agustín en uno de sus sermones.
San Lorenzo era uno de los diáconos que ayudaba al Papa San Sixtus II, quien fue asesinado por la policía del emperador mientras estaba celebrando Misa en un cementerio de Roma.
La antigua tradición cuenta que San Lorenzo, al ver que iban a matar al Pontífice, le dijo: “Padre mío, ¿te vas sin llevarte a tu diácono?” y el Santo Padre le respondió: “Hijo mío, dentro de pocos días me seguirás”.
San Lorenzo se alegró muchísimo de saber que iría pronto al cielo y, viendo el peligro que se aproximaba, recogió todos los bienes que la Iglesia tenía en Roma, los vendió y repartió el dinero a los más necesitados.
El alcalde de  la ciudad, que era pagano y apegado al dinero, llamó a San Lorenzo y le mandó que le lleve los tesoros de la Iglesia para costear una guerra que el emperador iba a empezar. El Santo le pidió unos días de plazo para reunirlos.
El diácono entonces juntó a los pobres, lisiados, mendigos, huérfanos, viudas, ancianos, mutilados, ciegos y leprosos que él ayudaba con las limosnas. Mandó llamar al alcalde y le dijo que ellos eran los tesoros más preciados de la Iglesia de Cristo.
El alcalde, lleno de rabia, lo mandó matar lentamente, prendieron una parrilla de hierro y ahí acostaron a San Lorenzo. Los fieles vieron el rostro del mártir rodeado de un esplendor  muy hermoso y sintieron un aroma agradable, mientras que los paganos no percibían nada de eso.
Tras un rato de estarse quemando por un lado en la parrilla, el valiente mártir le dijo al juez que le dieran la vuelta para quedar completamente quemado. Cuando ya se acercaba su hora y con una tranquilidad impresionante, pidió a Dios por la difusión del cristianismo en el mundo y partió a la Casa del Padre el 10 de agosto del 258.
Se dice que este martirio significó el declive de la idolatría romana y que la Basílica de San Lorenzo en Roma es considerada la quinta en importancia.
La devoción a este gran Santo se ha expandido por todo el mundo y muchos pueblos y ciudades llevan su nombre.
Incluso el nombre del equipo de fútbol favorito del Papa Francisco, el  Club Atlético San Lorenzo de Almagro, es en honor al diácono mártir. Tal como fue el deseo del salesiano P. Lorenzo Massa, en los inicios de fundación del  equipo.
Fuente: AciPrensa 10.08.2019 / Publicado por: O.Revette 14-01-2019

10 de Agosto se celebra el día de los Diáconos Permanentes, Fiesta de San Lorenzo, diácono y mártir de la Iglesia


Con ocasión de la Fiesta de San Lorenzo, diácono y mártir de la Iglesia, este 10 de agosto también se celebra el Día de los Diáconos Permanentes.
En el siglo III San Lorenzo fue uno de los 7 diáconos de Roma que ayudaban al Papa Sixto II, quien le nombró administrador de los bienes de la Iglesia y le permitió distribuir ayuda a los pobres y necesitados.
En la historia de la Iglesia los diáconos siempre han sido de gran ayuda para que los sacerdotes o presbíteros desarrollen su ministerio. Si bien el diácono ha recibido el sacramento del Orden, éste no es propiamente un sacerdote, y por lo tanto no tiene sus potestades.
El sacramento del Orden en sus tres grados –episcopado, presbiterado y diaconado– se encuentran explicados entre los numerales 1554 y 1571 del Catecismo de la Iglesia Católica (CIC).
El diácono se ordena al ministerio de la palabra, la liturgia y la caridad. Su función principal es la asistencia cualificada al sacerdote en las celebraciones y no es simplemente un “ayudante”.
El resto de funciones de los diáconos están recogidas en la constitución dogmática Lumen Gentium y en los cánones 757, 835, 910, 943 y 1087 del Derecho Canónico.
Algunas de estas competencias son: el bautismo, conservar y distribuir la Eucaristía, ser ministros de la exposición del Santísimo y de la bendición eucarística, ser ministro ordinario de la sagrada comunión, portar el viático a los moribundos, en nombre de la Iglesia asistir y bendecir el matrimonio, leer la Sagrada Escritura a los fieles, administrar los sacramentales como el agua bendita, bendición de casas, imágenes y objetos, presidir el rito fúnebre y la sepultura.
El diaconado considerado en sí mismo como ministerio permanente decae en occidente después del siglo V, y este primer grado del sacramento del orden es reducido a una simple etapa para llegar al grado sucesivo, es decir, al sacerdocio.
Tras el Concilio Vaticano II fue restablecido el diaconado "como un grado particular dentro de la jerarquía". 
La constitución Lumen gentium, especifica en el numeral 29: "con el permiso del Romano Pontífice, se puede conferir este diaconado a hombres de edad madura casados o también a jóvenes idóneos, pero para éstos hay que mantener como obligatoria la ley del celibato" (EV, 1/360).
Estos deberán tener una preparación de 3 años para recibir las sagradas órdenes según está establecido en el Código de Derecho Canónico numeral 236.
El Papa Pablo VI, en su carta apostólica Sacrum diaconatus ordinem del 18 de junio de 1967, señala que el orden del diaconado “no debe ser considerado como un puro y simple grado de acceso al sacerdocio; sino que él, insigne por su carácter indeleble y su gracia particular, enriquece tanto a aquellos que son llamados a él y pueden dedicarse ‘a los misterios de Cristo y de la Iglesia’ de manera estable” (EV, 2/1369).
Fuente: AciPrensa 10.08.2018 / Publicado por: O.Revette 14-01-2019

El Papa Francisco: “Diaconado permanente, signo visible de la diaconía de Cristo Siervo en la historia de los hombres”



El Papa Francisco en el prefacio del libro titulado El Diaconado en el pensamiento de Papa Francisco. Una iglesia pobre para los pobres: “Diaconado permanente, signo visible de la diaconía de Cristo Siervo en la historia de los hombres”.

“La Iglesia encuentra en el Diaconado permanente la expresión y al mismo tiempo, el impulso vital para hacerse ella misma signo visible de la diaconía de Cristo Siervo en la historia de los hombres”, lo escribe el Papa Francisco en el prefacio del libro titulado: “El Diaconado en el pensamiento de Papa Francisco. Una iglesia pobre para los pobres”, escrito por Enzo Petrolino, Presidente del Diaconado de Italia.

El texto – presentado en rueda de prensa la tarde de este lunes, 20 de noviembre, en la Sala Marconi de Palacio Pío del Vaticano – recopila las intervenciones del entonces Arzobispo de Buenos Aires, sobre el diaconado durante el curso de su ministerio episcopal en Argentina y aquellas más recientes pronunciadas como Obispo de Roma.

En el prefacio de este volumen, el Santo Padre resalta el extraordinario crecimiento espiritual y pastoral de la Iglesia en los últimos decenios, gracias a la profunda recepción de los documentos del Concilio Vaticano II. “En este contexto – escribe el Santo Padre – el diaconado permanente ha reencontrado las raíces de su presencia en la comunidad de los creyentes y en el más amplio tejido social, adquiriendo de una parte conciencia del propio rol de servicio a Cristo y a los hombres, y recibiendo, de otra parte, un nuevo impulso de las orientaciones que el Magisterio ha dado a lo largo de estos años a la común reflexión eclesial”.

Así mismo, el Papa Francisco subraya que es necesario profundizar el desarrollo que el Diaconado permanente ha vivido hasta hoy, para comprender mejor su recorrido, mediante una lectura que contenga toda la riqueza doctrinal, pastoral y exhortativa. “La Iglesia encuentra en el Diaconado permanente – puntualiza el Pontífice – la expresión y al mismo tiempo el impulso vital para hacerse ella misma signo visible de la diaconía de Cristo Siervo en la historia de los hombres”. Por ello, es importante señala el Papa, la sensibilidad en la formación de una “conciencia diaconal” que puede considerarse el motivo de fondo que debe penetrar en las comunidades cristianas.

Otro aspecto importante, puntualiza el Papa Francisco, es aquel de la oración por las vocaciones. También hoy, agrega, la comunidad cristiana debe estar siempre presente en el germinar de las vocaciones, en su formación y en su perseverancia. “Toda la diaconía de la Iglesia – de la cual aquella ministerial es signo e instrumento – tiene su corazón pulsante en el Ministerio Eucarístico y se realiza ante todo en el servicio de los pobres que son el rostro de Cristo sufriente”.

A lo largo de las etapas del camino diaconal, evidencia el Papa Francisco, a lo largo de estos años, el magisterio pontificio ha dejado una huella al mismo tiempo clara y motivadora en el signo de la obediencia fiel y de la alegría que debe acompañar la misión del diácono en la Iglesia y en el mundo de hoy, amplificando las orientaciones indicadas por el Concilio y alargando los horizontes de acción. Por ello, afirma el Papa, “el ministerio diaconal debe ser visto, pues, como parte integrante del trabajo hecho por el Concilio para preparar a la entera Iglesia a un renovado apostolado en el mundo de hoy. Los diáconos pueden ser definidos pioneros de una nueva civilización del amor, como amaba decir Juan Pablo II”.
Fuente: revistaecclesia 21-11-2017 / Publicado por: O.Revette 14-01-2019

Papa Francisco en la Misa del Jubileo de los Diáconos año 2016

La Santa Misa del Jubileo de los Diáconos en la Plaza de San Pedro. 
Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

El Papa Francisco presidió el domingo 16 de Mayo 2016 en la Plaza de San Pedro una Misa con motivo del Jubileo de los Diáconos. En la homilía que pronunció, el Santo Padre habló del significado de este ministerio y pidió a todos ellos que sean verdaderos servidores del prójimo..
“El que sirve no es esclavo de la agenda que establece, sino que, dócil de corazón, está disponible a lo no programado: solícito para el hermano y abierto a lo imprevisto, que nunca falta y a menudo es la sorpresa cotidiana de Dios”, explicó el Pontífice.
A continuación, el texto completo de la homilía del Papa:
«Servidor de Cristo» (Ga 1,10). Hemos escuchado esta expresión, con la que el apóstol Pablo se define cuando escribe a los Gálatas. Al comienzo de la carta, se había presentado como «apóstol» por voluntad del Señor Jesús (cf. Ga 1,1). Ambos términos, apóstol y servidor, están unidos, no pueden separarse jamás; son como dos caras de una misma moneda: quien anuncia a Jesús está llamado a servir y el que sirve anuncia a Jesús.
El Señor ha sido el primero que nos lo ha mostrado: él, la Palabra del Padre; él, que nos ha traído la buena noticia (Is 61,1); él, que es en sí mismo la buena noticia (cf. Lc 4,18), se ha hecho nuestro siervo (Flp 2,7), «no ha venido para ser servido, sino para servir» (Mc 10,45). «Se ha hecho diácono de todos», escribía un Padre de la Iglesia (San Policarpo, Ad Phil. V,2). Como ha hecho él, del mismo modo están llamados a actuar sus anunciadores. El discípulo de Jesús no puede caminar por una vía diferente a la del Maestro, sino que, si quiere anunciar, debe imitarlo, como hizo Pablo: aspirar a ser un servidor. Dicho de otro modo, si evangelizar es la misión asignada a cada cristiano en el bautismo, servir es el estilo mediante el cual se vive la misión, el único modo de ser discípulo de Jesús. Su testigo es el que hace como él: el que sirve a los hermanos y a las hermanas, sin cansarse de Cristo humilde, sin cansarse de la vida cristiana que es vida de servicio.
¿Por dónde se empieza para ser «siervos buenos y fieles» (cf. Mt 25,21)? Como primer paso, estamos invitados a vivir la disponibilidad. El siervo aprende cada día a renunciar a disponer todo para sí y a disponer de sí como quiere. Si se ejercita cada mañana en dar la vida, en pensar que todos sus días no serán suyos, sino que serán para vivirlos como una entrega de sí. En efecto, quien sirve no es un guardián celoso de su propio tiempo, sino más bien renuncia a ser el dueño de la propia jornada. Sabe que el tiempo que vive no le pertenece, sino que es un don recibido de Dios para a su vez ofrecerlo: sólo así dará verdaderamente fruto. El que sirve no es esclavo de la agenda que establece, sino que, dócil de corazón, está disponible a lo no programado: solícito para el hermano y abierto a lo imprevisto, que nunca falta y a menudo es la sorpresa cotidiana de Dios. El siervo sabe abrir las puertas de su tiempo y de sus espacios a los que están cerca y también a los que llaman fuera de horario, a costo de interrumpir algo que le gusta o el descanso que se merece. A mí me hace mal el corazón cuando veo un horario – en las parroquias – de tal hora a tal hora. ¿Después? No hay una puerta abierta, no está el sacerdote, no está el diácono, no hay un laico que reciba a la gente… esto hace mal. Descuidar los horarios: tienen esta valentía, de descuidar los horarios. Así, queridos diáconos, viviendo en la disponibilidad, vuestro servicio estará exento de cualquier tipo de provecho y será evangélicamente fecundo.
También el Evangelio de hoy nos habla de servicio, mostrándonos dos siervos, de los que podemos sacar enseñanzas preciosas: el siervo del centurión, que regresa curado por Jesús, y el centurión mismo, al servicio del emperador. Las palabras que este manda decir a Jesús, para que no venga hasta su casa, son sorprendentes y, a menudo, son el contrario de nuestras oraciones: «Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo» (Lc 7,6); «por eso tampoco me creí digno de venir personalmente» (v.7); «porque yo también vivo en condición de subordinado» (v. 8). Ante estas palabras, Jesús se queda admirado. Le asombra la gran humildad del centurión, su mansedumbre. Él, ante el problema que lo afligía, habría podido agitarse y pretender ser atendido imponiendo su autoridad; habría podido convencer con insistencia, hasta forzar a Jesús a ir a su casa. En cambio se hace pequeño, discreto, no alza la voz y no quiere molestar. Se comporta, quizás sin saberlo, según el estilo de Dios, que es «manso y humilde de corazón» (Mt 11, 29). En efecto, Dios, que es amor, llega incluso a servirnos por amor: con nosotros es paciente, comprensivo, siempre solícito y bien dispuesto, sufre por nuestros errores y busca el modo para ayudarnos y hacernos mejores. Estos son también los rasgos de mansedumbre y humildad del servicio cristiano, que es imitar a Dios en el servicio a los demás: acogerlos con amor paciente, comprenderlos sin cansarnos, hacerlos sentir acogidos, a casa, en la comunidad eclesial, donde no es más grande quien manda, sino el que sirve (cf. Lc 22,26). Así, queridos diáconos, en la mansedumbre, madurará vuestra vocación de ministros de la caridad.
Además del apóstol Pablo y el centurión, en las lecturas de hoy hay un tercer siervo, aquel que es curado por Jesús. En el relato se dice que era muy querido por su dueño y que estaba enfermo, pero no se sabe cuál era su grave enfermedad (v.2). De alguna manera, podemos reconocernos también nosotros en ese siervo. Cada uno de nosotros es muy querido por Dios, amado y elegido por él, y está llamado a servir, pero tiene sobre todo necesidad de ser sanado interiormente. Para ser capaces del servicio, se necesita la salud del corazón: un corazón restaurado por Dios, que se sienta perdonado y no sea ni cerrado ni duro. Nos hará bien rezar con confianza cada día por esto, pedir que seamos sanados por Jesús, asemejarnos a él, que «no nos llama más siervos, sino amigos» (cf. Jn 15,15). Queridos diáconos, podéis pedir cada día esta gracia en la oración, en una oración donde se presenten las fatigas, los imprevistos, los cansancios y las esperanzas: una oración verdadera, que lleve la vida al Señor y el Señor a la vida. Y cuando sirváis en la celebración eucarística, allí encontraréis la presencia de Jesús, que se os entrega, para que vosotros os deis a los demás.
Así, disponibles en la vida, mansos de corazón y en constante diálogo con Jesús, no tendréis temor de ser servidores de Cristo, de encontrar y acariciar la carne del Señor en los pobres de hoy.

Fuente: AciPrensa 16-05-2016 / O.Revette 14-01-2019


¿Qué es un diácono permanente?


Son hombres casados y de probada vida cristiana “que desean consagrarse al servicio del pueblo de Dios en la Iglesia”



¿Qué es un diácono permanente?

“Los diáconos son Ministros Ordenados, y pertenecen a la jerarquía de la Iglesia, como tal son clérigos, en virtud del Sacramento del Orden recibido”, explica.

El Concilio Vaticano II, esa gran asamblea ecuménica de la Iglesia convocada por el Papa Juan XXIII, y que se realizó desde 1962 a 1965, restableció el Diaconado “como un grado propio y permanente en la jerarquía”, dijo citando la constitución dogmática Lumen Gentium. No obstante, “las funciones y atribuciones del ministerio diaconal son muy poco conocidas por nuestra iglesia”, acota.

Tareas del Diácono Permanente

En torno a las responsabilidades que cumplirán los diáconos permanentes indicó que la primera es ser servidores en la liturgia. “Los diáconos permanentes tienen una participación importante y propia en las celebraciones litúrgicas; pero en ausencia del presbítero están llamados a presidir la comunidad cristiana que se reúne a orar, a escuchar y meditar la Palabra del Señor, y a recibir la Santa Comunión”.

La segunda es como maestros en la fe. “Deben llevar adelante iniciativas catequéticas especialmente en la formación de adultos; realizar homilías en concordancia con el presbítero; y ser ante todo ser ministros de La Palabra”. Añadió que “la proclamación del Evangelio es propia de los diáconos, quien estaría incompleto sin esta actividad”.

La tercera es el servicio en la caridad. “Los diáconos deben dedicarse al servicio de los más pobres y necesitados del pueblo de Dios haciendo presente a Cristo Servidor en medio de ellos. Estas actividades de servicio comprenden la visita a los enfermos, el acompañamiento de los ancianos y la organización de la caridad”.

Misión del Diácono

Dentro de la estructura eclesial, los diáconos participan de una manera especial en la misión de Cristo. “Es tarea de los diáconos, asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse al servicio de la caridad”.
El Concilio Vaticano II, la Iglesia ha restablecido el diaconado “como un grado particular dentro de la jerarquía, aunque no por ello se debe dejar de pedir para que haya más vocaciones sacerdotales, ya las funciones de un sacerdote son más amplias, por ejemplo, para conferir el sacramento de la Confesión”. El diaconado permanente, puede ser conferido a hombres casados, y constituye un enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia.
En efecto, es apropiado y útil que hombres que realizan en la Iglesia un ministerio verdaderamente diaconal, ya en la vida litúrgica y pastoral, ya en las obras sociales y caritativas, "sean fortalezcan por la imposición de las manos transmitida ya desde los Apóstoles y se unan más estrechamente al servicio del altar, para que cumplan con mayor eficacia su ministerio por la gracia sacramental del diaconado"

El ministerio del diaconado
El diaconado es una vocación ministerial, deriva su nombre del término ‘diaconía’ que significa servicio. El diaconado tiene tres dimensiones: el servicio de la Palabra de Dios, el servicio de la caridad y el servicio de la liturgia. Los diáconos pueden ser transitorios o permanentes. El diaconado de transición es el primer grado del sacramento del Orden. Los diáconos transitorios permanecen por un período determinado para completar su formación y ser ordenados sacerdotes. El diácono permanente es la expresión del ministerio ordenado colocado lo más cerca posible a la realidad secular y de la acción de los laicos, de tal manera que es un ministerio de cercanía. El origen del diaconado se encuentra en el libro de los hechos de los apóstoles en el que se dan cuenta de la elección de siete diáconos sobre todo para el servicio en la comunidad de las viudas, los huérfanos o desamparados y los hermanos más necesitados.

¿Qué papel juegan las mujeres en todo esto?
La esposa debe, no sólo estar de acuerdo y dar el visto bueno, sino que incluso tiene que firmar que acepta la vocación de su esposo. Han de ser conscientes de que va a suponer un sacrificio. Sin embargo, el matrimonio y la familia sigue siendo la primera vocación del diácono casado y bajo ningún concepto debe verse mermada, disminuida, o dificultada por ser diácono, sino todo lo contrario: ser diácono implica una actitud de espíritu de servicio, donde primero tiene que ejercerlo es en la familia, con su esposa, sus hijos y sus familiares. Pero va a suponer que también los fines de semana, cuando tenga que ejercer algún servicio o ministerio, eso restará tiempo a la familia. Así que la esposa tiene que estar en disposición de aceptar eso y apoyarlo.
En su vida cotidiana, hay diáconos permanentes profesionales de la medicina, arquitectos, y hay también hombres sencillos, gente que trabaja en el campo, profesores universitarios… De lo más variado.

¿Por qué es una vocación tan poco conocida?
En realidad, el diaconado tuvo una gran difusión en la Iglesia antigua, sobre todo en el ejercicio del servicio a los más necesitados. Luego, sobre todo a partir del siglo VII y VIII, con el surgimiento de todas las instituciones de la Iglesia que se ocupaban de los pobres, dejaron de ser tan necesarios. Pasó a ser simplemente un grado para acceder al sacramento del sacerdocio. Pero en el Vaticano II se volvió a reflexionar sobre los orígenes de la Iglesia y sobre el diaconado, y se estableció, a partir del año 1964, que se instaurara de nuevo el diaconado como un estado permanente en la Iglesia, que podían recibir, incluso, hombres casados. En la Iglesia antigua los hombres casados también recibían el diaconado.

Fuente: Diacono Permanente /  O.Revette 14.01.2019